
Inteligencia Artificial: la UNCUYO estableció una guía para su uso responsable
La Universidad Nacional de Cuyo, por iniciativa de su Secretaría Académica, diseñó una guía de buenas prácticas para el uso de Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en el ámbito académico, científico y administrativo, frente al alto potencial que tiene para transformar la educación superior.
Si bien la IAG permite personalizar trayectorias, diversificar recursos y optimizar tareas, también tiene riesgos como los sesgos, la generación de información errónea, la vulneración de autoría intelectual o la exposición de datos sensibles.
Ante esto, la Universidad puso a disposición estas recomendaciones para la comunidad universitaria para su uso responsable en los procesos de enseñanza, aprendizaje, investigación y gestión.
El documento establece criterios de uso concretos según niveles de riesgo
La guía define principios que orientarán su implementación como la autoría responsable, la transparencia, la verificación de la información y la protección de datos personales. Además de la supervisión humana en decisiones críticas, y la promoción de un uso inclusivo, accesible y ambientalmente sostenible.
Aportes de la guía
Más allá de sus principios, el documento establece criterios concretos de uso según niveles de riesgo.
En el nivel más básico, la IAG puede utilizarse en corrección ortográfica y de estilo, traducción automática, generación de ideas preliminares y organización de esquemas o resúmenes. También para tomar apuntes o mejorar la redacción de materiales, siempre que no se involucren datos sensibles ni decisiones evaluativas.
En un nivel intermedio, la IAG puede emplearse en elaboración de borradores, rúbricas o informes, así como en la redacción de documentos administrativos o búsqueda de bibliografía. Es clave la revisión humana, ya que incide en evaluaciones, publicaciones o decisiones institucionales.
El nivel más alto contempla situaciones de mayor sensibilidad: procesamiento de datos personales, automatización de decisiones académicas o evaluaciones. En estos casos, la normativa es clara: se requiere validación humana obligatoria, declaración explícita del uso de la herramienta y cumplimiento estricto de los principios institucionales. Además, se desaconseja el uso de sistemas automatizados como único criterio para calificar o tomar decisiones que afecten trayectorias académicas.
La normativa prevé que cada unidad académica e instituto desarrolle planes propios de implementación y la conformación de un Grupo de Referentes Institucionales que tendrá a su cargo sus actualizaciones.
Desde la Universidad destacan que este marco no busca restringir el uso de la IAG, sino promover una apropiación consciente, informada y situada, que fortalezca el pensamiento crítico, la creatividad y la calidad académica. Sin perder de vista los valores de equidad, transparencia y responsabilidad social.


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