
La UNSTA honra la memoria de cuatro intelectuales y sus bibliotecas vivas
Una biblioteca personal no es solo una acumulación de papel y tinta; es un mapa del alma de quien la habitó. Cada libro subrayado, cada lomo gastado por la consulta frecuente y cada ejemplar guardado con recelo cuentan la historia de una búsqueda intelectual. Entendiendo este valor incalculable, la UNSTA celebró la incorporación de cuatro tesoros bibliográficos que, desde ahora, dejan de ser privados para convertirse en luz pública.
El libro como puente entre épocas
En el marco del 60º aniversario de la universidad, el Rector Ing. Federico Fanjul encabezó el acto donde se recordó que una biblioteca donada es el acto de generosidad más puro de un pensador: permitir que su propio camino de aprendizaje sea la base sobre la cual otros construyan sus sueños.
Los nombres grabados en la nueva placa recordatoria representan pilares del pensamiento tucumano:
Ventura Murga (1929–2019): El hombre que custodió la memoria de Tucumán desde el periodismo y la historia. Su biblioteca es un archivo vivo de identidades y genealogías, un testamento de su compromiso con la verdad y la cultura local.
Hernán Zucchi (1917–1998): Filósofo de talla internacional. En sus estantes habitan Aristóteles, Weber y Schutz. Su donación permite a los estudiantes actuales acceder no solo a los textos, sino a la rigurosidad crítica que lo llevó a ganar el Konex de Platino.
Lucía Piossek de Zucchi (1925–2020): Maestra de filósofos y fundadora de instituciones. Su biblioteca refleja una vida dedicada a pensar la Argentina y a traducir el pensamiento universal para nuestra tierra.
Jorge Corominas: Cuya pasión por el conocimiento se suma a este ecosistema de saber que ahora enriquece los pasillos de la universidad.
La biblioteca: un espacio de resistencia y futuro
En la era de la inmediatez digital, la UNSTA apuesta por la permanencia del libro físico. Las autoridades destacaron que estas colecciones no son "museos de papel", sino herramientas de transformación social. Al poner estos volúmenes al servicio de la comunidad, la universidad se reafirma como un santuario donde el silencio de la lectura permite el grito de la libertad intelectual.
“Queremos agradecer a las familias por permitir que estas valiosas colecciones encuentren un nuevo hogar. Aquí, cada libro será un maestro que seguirá enseñando, sin importar el paso del tiempo”, señalaron desde la institución.

Un tesoro a disposición de todos
La placa descubierta en la Sede Central no solo marca un lugar físico, sino un compromiso institucional: el de cuidar, catalogar y difundir el pensamiento de estos grandes maestros. Para el estudiante, el investigador o el curioso, entrar a estas bibliotecas es entrar en una conversación con Murga, los Zucchi y Corominas.
Porque mientras exista una biblioteca abierta, el conocimiento nunca será propiedad del pasado, sino una antorcha encendida para el futuro de Tucumán.
Para consultar estas colecciones, los interesados pueden acercarse a la Biblioteca de la Sede Central de la UNSTA (9 de julio 165, San Miguel de Tucumán).



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