El mapa que redibuja la biodiversidad de langostas, tucuras y grillos

Un equipo de la Universidad Nacional de La Plata construyó, por primera vez a escala global, un mapa de los ortópteros que revela regiones de altísima riqueza biológica hasta ahora invisibles para la ciencia y traza una hoja de ruta urgente para la conservación.
Investigación01/09/2026

Cuando pensamos en langostas y tucuras, la imagen que viene a la mente suele ser la de una plaga. No es casualidad: en Argentina existen registros de daños causados por langostas desde 1538, y ese problema dio origen a las primeras políticas estatales de protección vegetal del país, entre ellas la Comisión Nacional de Extinción de la Langosta, creada en 1891. Pero esa es solo una cara de un grupo mucho más vasto: junto con grillos y esperanzas, integran el orden Orthoptera, que supera las 29.400 especies y habita casi todos los ambientes terrestres del planeta, con la única excepción de la Antártida.

Más allá de las especies que ocasionalmente se convierten en plagas, los ortópteros son piezas clave del engranaje ecológico: consumidores primarios, alimento de innumerables animales y agentes del ciclado de nutrientes. Para entender cómo se reparte su diversidad en el mundo, un equipo -integrado por especialistas del CEPAVE y la División Entomología del Museo de La Plata (UNLP-CONICET), junto a un investigador mexicano- cruzó más de 830.000 registros georreferenciados con variables ambientales y modelos de distribución.

El resultado desmonta la idea de una biodiversidad repartida en partes iguales. El estudio detectó hotspots de riqueza y endemismo antes ignorados o subestimados, concentrados en zonas tropicales y subtropicales de Asia, Sudamérica y África. También expuso un desequilibrio de fondo: la mayoría de los registros proviene del Hemisferio Norte, mientras vastas regiones del Sur Global permanecen prácticamente sin muestrear. Esa asimetría es engañosa, porque un territorio poco estudiado puede parecer pobre en especies simplemente por falta de datos, no por falta de vida. Para sortear esa trampa, los modelos estimaron dónde podrían existir especies aún no registradas, incluso en zonas ya exploradas donde siguen apareciendo hallazgos nuevos.

La investigación también reveló que los dos grandes subórdenes siguen lógicas propias. Los Ensifera -grillos y esperanzas- alcanzan su mayor diversidad en bosques húmedos tropicales y regiones mediterráneas, mientras que los Caelifera -tucuras y langostas- prosperan en pastizales y ambientes áridos. No hay, entonces, un patrón único: cada linaje responde a su propia historia evolutiva y ecológica. Cruzando riqueza de especies, endemismo, vacíos de información y transformación del uso del suelo, el equipo construyó lo que llamó el "mapa de emergencia": una herramienta que señala dónde resulta más urgente intensificar el trabajo de campo y las acciones de conservación.

"Las regiones con los valores más extremos, y por lo tanto con mayor urgencia, se concentran principalmente en América Central y América del Sur", explica la Dra. María Marta Cigliano, quien identificó dos focos centrales: Centroamérica junto a los Andes del norte, y la franja que une el sur de Brasil, el este de Paraguay, el noreste argentino y Uruguay. En Argentina, las provincias con áreas prioritarias son Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Salta, además de la región del NOA para los Caelifera y la Selva Paranaense y las Yungas para los Ensifera, zonas donde se combinan alta biodiversidad, escaso conocimiento científico y una acelerada expansión agrícola-ganadera.

Ortorpteros dos

El hallazgo también tiene peso económico. Según un análisis del SENASA, la producción agrícola del NOA y el NEA expuesta al riesgo de la langosta ronda los US$ 3.700 millones, una cifra que ni siquiera contempla frutales ni pasturas naturales. El INTA, por su parte, documentó mermas de entre 12% y 38% en soja por densidades elevadas de tucuras. Con ese trasfondo, el equipo plantea que dirigir nuevos relevamientos hacia las zonas señaladas por el mapa permitiría ganarle tiempo a la transformación del territorio y sostener, a la vez, la producción y la biodiversidad. El estudio fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Fuente: Agencia CyT UNLP

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