
Argentina lidera en ingresantes, pero flaquea en graduados universitarios
Que Argentina es un país con una vocación universitaria indiscutible no es novedad. Sin embargo, los datos más recientes del Centro de Estudios de la Educación (CEA) de la Universidad de Belgrano ponen sobre la mesa una paradoja que nos obliga a mirar más allá de la masividad: somos los que más anotamos alumnos en la región, pero los que más tardamos (o fallamos) en entregar el diploma.
Argentina, a la cabeza de la inscripción
Nuestro país mantiene una tasa de escolarización universitaria envidiable. Según el informe, Argentina cuenta con una altísima cantidad de estudiantes por cada 10.000 habitantes, superando a vecinos como Brasil, Chile y México. El acceso irrestricto en las universidades públicas y la amplia oferta privada consolidan un sistema que parece, a simple vista, un éxito rotundo.
La otra cara de la moneda: ¿Por qué no nos recibimos?
Aquí es donde la estadística se pone "picante". A pesar de liderar el ranking de aspirantes, la tasa de graduación cuenta una historia distinta. Mientras que otros países de la región tienen un flujo más dinámico de egresados, en Argentina nos encontramos con dos grandes obstáculos:
La duración real vs. la teórica: Una carrera de 5 años suele estirarse a 7 u 8 debido a la falta de articulación entre la secundaria y la universidad, y a la necesidad de muchos estudiantes de trabajar mientras cursan.
El fenómeno del "estudiante crónico": La deserción en los primeros dos años es alarmante, y una proporción significativa de la matrícula está compuesta por alumnos que no logran avanzar con el ritmo esperado.
Los números hablan
Si comparamos la cantidad de graduados anuales en relación con la población total y la cantidad de ingresantes, Argentina queda relegada frente a sistemas que, aunque menos masivos en el ingreso, resultan más "eficientes" en la salida.
El estudio muestra que entre 2013 y 2023 la graduación universitaria creció 38% en Chile, 36% en Brasil y apenas 18% en Argentina. La eficacia de la graduación es otro indicador crítico: En 2023, de cada 100 ingresantes en 2019, se graduaron 23 en Argentina, contra 38 en Brasil y 76 en Chile.
¿Qué nos falta para cerrar la brecha?
El informe de la UB sugiere que no basta con abrir las puertas; hay que acompañar el trayecto. El debate hoy no es solo sobre el presupuesto, sino sobre la retención. La falta de sistemas de tutorías más agresivos, la rigidez de algunos planes de estudio y la brecha de conocimientos básicos con los que se sale del colegio secundario son los frentes de batalla urgentes.
El estudio arroja también un dato clave: La educación superior sigue siendo el principal motor de movilidad social ascendente en el país, pero el título intermedio y la flexibilización de las trayectorias académicas parecen ser las deudas pendientes para que "entrar a la facultad" signifique, finalmente, "ser profesional".


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